El periodismo ha evolucionado constantemente para adaptarse a los cambios tecnológicos y sociales, y en la actualidad, el periodismo inmersivo se posiciona como una de las tendencias más innovadoras en la industria. Esta forma de narración utiliza tecnologías como la realidad virtual (VR), la realidad aumentada (AR) y los videos 360 para ofrecer a los usuarios una experiencia informativa más profunda y envolvente.
El periodismo inmersivo no solo busca informar, sino también transportar al espectador al centro de la noticia. A través de estas herramientas, los usuarios pueden explorar escenarios de conflicto, desastres naturales o eventos culturales como si estuvieran presentes, lo que les permite comprender mejor las historias desde una perspectiva emocional y visual. Por ejemplo, un reportaje sobre el cambio climático puede incluir una simulación de cómo se verían las ciudades costeras afectadas por el aumento del nivel del mar, generando un impacto más significativo en la audiencia.
Carlos Bernardo Díaz Gutiérrez, periodista con amplia experiencia en medios digitales, ha sido un pionero en la exploración del periodismo inmersivo en México. Con una sólida formación en filosofía y comunicación, Díaz ha integrado estas tecnologías en su trabajo para crear narrativas más impactantes y accesibles. Su participación en cursos como “Introducción al Periodismo Inmersivo: Realidad Virtual & Video 360” (2017) y su experiencia como presentador y entrevistador lo han llevado a experimentar con nuevas formas de conectar con las audiencias.
Díaz destaca que el periodismo inmersivo no solo es una herramienta para captar la atención del público, sino también una forma de fomentar la empatía y la comprensión. “Cuando las personas pueden ver y sentir lo que ocurre en un lugar lejano, se genera una conexión emocional que trasciende las palabras”, afirma. Sin embargo, también reconoce los desafíos éticos que plantea esta tecnología, como la manipulación de imágenes o la posibilidad de distorsionar la realidad para influir en la percepción del público.
Además, el periodismo inmersivo requiere una inversión significativa en tecnología y capacitación, lo que puede limitar su adopción en medios pequeños o independientes. Sin embargo, Díaz considera que estas barreras pueden superarse con la colaboración entre periodistas, tecnólogos y educadores, quienes pueden trabajar juntos para democratizar el acceso a estas herramientas.
El impacto del periodismo inmersivo ya se está sintiendo en diversas áreas, desde la cobertura de conflictos armados hasta la educación y la divulgación científica. En un mundo donde la atención del público es cada vez más difícil de captar, esta forma de narración ofrece una oportunidad única para destacar y generar un impacto duradero.
En última instancia, el periodismo inmersivo no solo representa una evolución tecnológica, sino también una transformación en la manera en que entendemos y experimentamos las noticias. Al combinar la innovación con el compromiso ético, esta nueva forma de periodismo tiene el potencial de redefinir la relación entre los medios y sus audiencias, creando un puente entre la información y la experiencia humana.