En este trabajo analizaremos la tesis propuesta por Butler según la cual el lenguaje constituye a los sujetos, puesto que predetermina su performatividad por medio de los actos de habla, analizaremos la hipótesis, después algunos contraargumentos contra la posición Butleriana, y finalmente haremos algunas consideraciones respecto a la tesis.
Comencemos a partir de las bases teóricas de la argumentación de Butler, principalmente Simone de Beauvoir y Mearleu Ponty, quienes dudan de una visión únicamente biológica del cuerpo. Ponty entiende al cuerpo como “una materialidad que, al menos, lleva significado, y lo lleva de modo fundamentalmente dramático” (299). Esto, al lado del trabajo de Beauvoir que concebía a la mujer como idea histórica y no hecho natural, nos permiten apreciar un panorama de las constituciones del cuerpo, y por ende sexo y género. Según estos autores las distintas configuraciones, exteriorizaciones y significado de los cuerpos son determinadas culturalmente, y pueden concebirse cómo la constante realización o materialización de posibilidades, sin embargo, este proceso no es llevado a cabo por un sujeto anterior al cuerpo mismo, no hay un “yo” que rige su cuerpo, sino que el “yo” es su cuerpo. De esta manera es propuesta una ontología de los gerundios (Butler,299). Entendiendo al sujeto como formado por los distintos procesos de corporeización, que constituyen su identidad.
Es de esta manera que desde esta perspectiva no se acude a una esencia interior al humano, ni tampoco a una subjetividad ni libertad absoluta, sino que se sitúa al sujeto como mediado por los códigos en su manera de actuar.
La teoría de Butler se apoya en la noción de actos de habla, desarrollada por Searle, que explica, desde un análisis de los actos de habla, la constitución de vínculos morales entre interlocutores, de esta manera las reglas o condiciones del lenguaje moldean nuestras interacciones en el campo social, así como el significado de las expresiones. “Si queremos saber cómo se relaciona una teoría lingüística del acto discursivo con los gestos corporales, solamente tenemos que tener en cuenta que el discurso mismo es un acto corporal con consecuencias lingüísticas específicas”(Butler,31). De una manera similar, los códigos sociales que rigen la expresión de identidades por medio de actos, restringen y moldean la formación de identidades. De esta manera, Butler acuñó el término actos de género, para denominar la organización históricamente determinada de los cuerpos. Es según la reproducción de estos actos que el género es constituido. Entendiendo al sujeto, al yo, como su cuerpo, que a su vez está regido por un sistema de lenguaje, cuya estructura permite y a su vez delimita las categorías de género. Desarrollando así estilos de ser, o estilísticas de la existencia, que se nos presentan como conjuntos de actos coherentes con el género correspondiente. Sin embargo, es únicamente a través de la repetición de estos actos que el género realmente se constituye.
“Como acción pública y acto performativo, el género no es una elección radical, ni un proyecto que refleja una elección meramente individual, pero tampoco está impuesto o inscrito sobre el individuo(…)Al igual que un libreto puede ser actuado de diferentes maneras, y al igual que una obra requiere a la vez texto e interpretación, así el cuerpo sexuado actúa su parte en un espacio corporal culturalmente restringido, y lleva a cabo las interpretaciones dentro de los confines de directivas ya existentes” (Butler, 308-9).
La noción de performance es utilizada para caracterizar la naturaleza de los actos constitutivos del género, los cuales pueden entenderse como representaciones, acto público e individual con significados delimitados culturalmente. Es así que por medio de estos actos performativos los distintos individuos asumen un papel a su manera, este papel está delimitado, y aunque toma lugar en todas las esferas sociales, su mayor presencia está en las acciones cotidianas en qué los cuerpos actúan, en cómo cada cuerpo se materializa en actos concretos con significaciones culturales delimitadas. Cuando estás performatividades no van de acuerdo a la norma los cuerpos son sometidos o castigados, esto puede apreciarse claramente al contemplar los innumerables casos de violencias contra las identidades no binarias o transgénero, pues, de cierta manera son percibidos como aquellos que no cumplen con el “papel” o el “guión” que les fue asignado.
Ahora bien, hay distintos contraargumentos que han sido lanzados contra la teoría Butleriana. Una de ellas proviene de algunos sectores del feminismo, podemos sintetizar esta contrapostura cómo la incoherencia resultante entre la noción de Butler de género no esencialista, performativo, y el movimiento feminista que lucha contra la opresión sistemática de la totalidad de “mujeres”. La aparente contradicción se basa en qué se suele recurrir a alguna base ontológica de la “mujer” para construir un movimiento en su defensa, mientras que Butler se encarga precisamente de lo contrario, a saber, difuminar el peso ontológico de categorías tradicionalmente esencialistas como el género y el sexo.
Sin embargo, y en palabras de Butler:
“Aunque algunas críticas literarias feministas sugieren que todo discurso necesita el presupuesto de la diferencia sexual, esta posición cosifica la diferencia sexual como el momento fundador de la cultura, y para empezar excluye el análisis no solamente de la constitución de la diferencia sexual, sino de su continuo proceso de constitución tanto por la tradición masculina que se apropia del punto de vista universal, como por esas posiciones feministas que construyen una categoría unívoca de “mujeres” en nombre de la expresión o, en todo caso, de la liberación de una clase subyugada”(313).
Es posible desde este punto de vista, impulsar un feminismo que no cosifique a los integrantes que busca liberar, apelando a recursos empleados por otros sistemas de control y que puedan devenir en argumentos esencialistas, que resultan en la posterior marginalización de identidades disidentes y no binarias.
Otra crítica popular, especialmente por parte de los sectores conservadores, es que Butler no distingue en su análisis el plano biológico del plano fenomenológico/cultural. Esta crítica usualmente se apoya en una identidad estable en la idea de sexo, y aunque puede aceptar la idea de género como representación, sigue manteniendo una posición biologicista y binaria con respecto del sexo. Sobre esta crítica, claramente contraria a la frase célebre de Butler: “el sexo, por definición, siempre ha sido género”(El género en disputa,57), podemos decir que Butler apela a mostrar el orden del sexo en el discurso. En vez de pensar en el sexo como algo natural, Butler lo sitúa como categoría discursiva en la que los cuerpos se sitúan desde su nacimiento. La forma en que se define el sexo no es objetiva ni ha sido una visión puramente científica, sino que se basa fundamentalmente en las preconcepciones de género que sirven como mapa, para localizar las zonas del cuerpo correspondientes al orden binario masculino/femenino, es así que el género es previo al sexo en su orden discursivo, dando lugar a este. De esta manera, el género sirve como un aparato cualitativo que permite determinar los secos en los cuerpos. De esta manera, al establecer el sexo como pre discursivo, Butler no se refiere en sí a los cuerpos, sino a la categoría de sexo que no hace más que aglutinar un conjunto de características arbitrarias dictadas por la noción binaria de género socio históricamente determinada. Partiendo de un enfoque fenomenológico no puede hacerse la distinción entre categorías naturales y no sociales, sino que se toma el orden de aparición de objetos como producto de un discurso ordenador, de esta manera no podemos apelar a la objetividad de conceptos culturalmente desarrollados y que sirven como precondición o prerrequisito de una primera mirada hacia los cuerpos, prerrequisitos por cierto latentes en las prácticas científicas al igual que en el resto de campos sociales.
De esta manera, la tesis respecto al funcionamiento de los actos de género como determinantes de identidades binarias sigue estando estable. Sin embargo, valdría la pena enfatizar hasta qué punto los actos de género predeterminan al sujeto. Siguiendo el uso del concepto de performativo, ciertamente podemos pensar en el género como un “papel” históricamente determinado, sin embargo, y al igual que en la actuación, cada papel ofrece un área de libertad, un área de juego para el actor, que, sin embargo, no existe sino en cuanto a su actuación. Su realidad solo existe en cuanto a la repetición de los actos, es así que no hay un yo anterior, y en la medida en qué estamos regidos por un sistema de actos, a través de la subversión y el análisis de tales actos es posible cambiar la realidad de tales actos, y de transformar las maneras en qué el género construye y moldea nuestra realidad.
Works Cited
Butler, Judith. El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad. Ediciones Paidós Ibérica, 2007.
Butler, Judith, and Marie Lourties. “Actos performativos y constitución del género: un ensayo sobre fenomenología y teoría feminista.” Debate Feminista, vol. 18, 1998, pp. 296-314.