La lectura, antaño un pasatiempo común y una actividad intelectual enriquecedora, parece haber perdido su encanto en la sociedad contemporánea. Este fenómeno afecta a jóvenes, niños y adultos por igual, y se debe a una serie de factores interrelacionados que van desde cambios tecnológicos hasta transformaciones culturales y educativas.
No cabe duda de que el avance tecnológico nos ha orillado a tener una vida más absorta en una multitud de contenidos multimedia. En la actualidad, los dispositivos electrónicos como teléfonos inteligentes, tabletas y computadoras han sustituido en gran medida al libro tradicional. Estos dispositivos ofrecen un acceso fácil y rápido, de esta manera es mucho más sencillo captar la atención del usuario: las redes sociales, los videos, los juegos electrónicos, etc., proporcionan una gratificación instantánea que los libros, con su demanda de tiempo y concentración, no pueden igualar. Paralelamente, hemos experimentado cambios culturales y sociales que han alterado la percepción de la lectura. En una sociedad que valora la productividad y la eficiencia, la lectura, es vista a menudo como una actividad de ocio superflua, Lo desconocido nos parece algo completamente absurdo, quizá se debe a jamás haber tenido un contacto real con un libro. Este cambio de perspectiva es especialmente agudo entre los adultos, quienes a menudo priorizan actividades que consideran más “útiles” o que aportan beneficios tangibles a corto plazo.
El sistema educativo también desempeña un papel significativo en la declinación del hábito de leer. Muchas veces, la lectura se presenta en las escuelas como una obligación, más que como una fuente de placer y descubrimiento. De esta manera se relaciona con un peso más que como una actividad disfrutable. Las listas de lecturas obligatorias, a menudo desactualizadas y poco atractivas para los estudiantes, pueden desmotivar a los jóvenes y crear una asociación negativa con la lectura. Además, la falta de promoción de la lectura crítica y del pensamiento reflexivo en los currículos escolares contribuye a la percepción de que leer no es una actividad relevante para la vida diaria.
La pérdida del hábito de la lectura tiene implicaciones profundas para la sociedad. La lectura no solo mejora el vocabulario y la comprensión del lenguaje, sino que también fomenta la empatía y la imaginación al permitir a los lectores ponerse en el lugar de diferentes personajes y explorar mundos desconocidos. La disminución de la lectura puede limitar estas experiencias enriquecedoras, afectando la capacidad de las personas para pensar crítica y creativamente.
Para revitalizar el encanto de la lectura, es crucial abordar estos factores. Promover la lectura desde una edad temprana, tanto en el hogar como en la escuela, es fundamental. Los adultos pueden cultivar este hábito modelando el comportamiento lector y compartiendo su amor por los libros. Además, es vital que las instituciones educativas actualicen sus enfoques para hacer de la lectura una actividad más atractiva y relevante, incorporando libros contemporáneos y promoviendo la lectura por placer.
Creo que aunque hemos perdido parte del encanto de la lectura en la era moderna, con esfuerzos conjuntos de individuos, educadores y la sociedad en general, es posible reavivar este hábito y redescubrir el placer y los beneficios que la lectura puede ofrecer a todas las generaciones.