A pesar de contar con una mentalidad más abierta para todo tipo de temas gracias a nuestra libertad de expresión o de credo, es común que nos pase por la cabeza lo que hace referencia al tema de la existencia de la divinidad y la puesta en práctica de las religiones en nuestra cultura contemporánea. Teorías, relativamente recientes, como lo fue el marxismo a finales del siglo XIX, aproximadamente, dejó en claro un concepto interesantísimo que ha sido producto de tantos debates entre filósofos, políticos y activistas tanto de derecha como de izquierda. Y este remite al concepto puesto por el mismísimo Karl Marx dentro de su magnus opus, “el Manifiesto Comunista.”
Marx se refiere a la religión como “el opio del pueblo”, es decir, que la gente recurre a ella para desahogarse de la cruda realidad por la que está pasando en todo momento, al igual que lo que produce una dosis de dicha droga al ser consumida. Regímenes como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) o la actual República Popular China se han vuelto notables casos de Estados ateos con el tema de la prohibición de la religión para formar parte de la administración política de ambas naciones. Puesto a que el mismísimo teórico, como sus seguidores tenían un fuerte lazo antiteísta, la idea de la opinión acerca de recurrir a la voluntad de cualquier divinidad se relega al sometimiento fácil de la población hacia las autoridades nacionales, o de cualquier superior disponible.
En nuestro panorama actual, la religión queda tan relegada a la voluntad personal más que nada, pero el Estado se puede valer de otros elementos o conceptos para mantener a los ciudadanos en la ignorancia o sumisión para evitar a que se levanten de nuevo en rebelión. A continuación se presentarán dos elementos que forman parte dentro de nuestra vida cotidiana que tanto los filósofos como algunos renombrados escritores, de todo tipo, han tachado como una especie de hipnotizante o ser dignos sucesores de la religión como el tan nombrado concepto ya impuesto dentro de las teorías comunistas y marxistas. Advertencia: pueden no sonar ni fácil ni bonito, lo que viene a continuación.
El novelista y escritor británico George Orwell mencionó y escribió novelas acerca de mundos distópicos en los que suponía un control absoluto de la población gracias al uso de ciertos elementos específicos. Una de sus frases más conocidas es la que hace referencia tanto al alcohol como al fútbol, aunque, posiblemente, se refiera a cualquier deporte popular, puesto a que supone una especie de guerra sin armas en la que se disputan dos equipos diferentes con un fin específico. Eventos importantísimos como la Copa Mundial acapara la atención e importancia de todo el mundo para enfocarse en ella dejando de lado las actividades importantes; cuando, a diferencia de las guerras reales, no hay consecuencias significativas si un bando, equipo en este caso, pierde como la pérdida de territorio o el triunfo de una ideología.
La frase del escritor (que se presenta entre estas líneas) alude al tema del alcohol como una especie de somnífero para la gente debido a sus tan conocidos efectos producidos en el cerebro, como el placer al consumirlo como si fuera una especie de droga legal. Sucede que casi siempre en todas las fiestas, incluyendo a la mismísima Navidad, se busca el consumo de alcohol para dejar de lado nuestras vidas laborales o formales para dar paso a una vida más tranquila, por decirlo de alguna manera, lo que produce a que la demanda de estas bebidas sea cada vez más alta.
Bibliografía:
Bustos, G. El opio del pueblo recargado.
Marx, K., & Engels, F. (2018). Manifiesto comunista. Temis.
Orwell, G. (1984). 1949. Nineteen Eighty-Four. London: Seeker and Warburg.
Foto: https://polemon.mx/el-futbol-opio-del-pueblo-esto-pensaba-galeano/