“Cuando estoy tocando cierro los ojos, no veo a nadie y viajo internamente a donde yo quiera, eso me ayuda a poder liberar y contagiar a la gente lo que estoy sintiendo.”

Gabriel Peña, reconocido guitarrista en la ciudad de Chihuahua, un hombre que de niño tenía grandes aspiraciones por ser baterista, termina compartiendo sus conocimientos y experiencias musicales dando clases en un pequeño salón de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Chihuahua.

Rodeado de equipo de sonido, con su guitarra eléctrica  en brazos y con más nervios que en un escenario empieza a contar su historia.

“Nací en la ciudad de Tijuana en 1969, soy hijo de Carlos Peña y Rosa María Peraza”
Desde muy pequeño tuvo contacto con la música y escuchaba las canciones que le gustaban a su madre, desde boleros hasta baladas. Varios miembros de su familia tuvieron influencia en su carrera musical, pero Gabriel considera que la música es una herencia.

“Mi abuelo fue baterista, y creo que es una de las herencias que me dejó… un poquito de la música”

Gabriel comenta que no siempre quiso tocar la guitarra, al principio, lo que llamaba su atención era la batería y nunca creyó tomare tanto amor a la guitarra. Incluso cuando era pequeño soñaba con tener su propia batería. Dice que cuando llegó a  Chihuahua  y entró a la primaria le comentó a su madre sus deseos de ser baterista.

“Yo le decía a mi mamá: mira yo quiero tocar la batería, me llama mucho la atención. Y ella obviamente me decía: es que no podemos comprarte una, es mucho dinero y haces mucho ruido”.

Entonces sus padres, considerando las dificultades de manejar una batería prefirieron darle otro tipo de instrumento. Le dieron una guitarra, “porque una guitarra es mucho más fácil de cargar, más fácil de manejar”

Aunque pasó mucho tiempo desde su primera guitarra, Gabriel no se dio por vencido y él quería seguir estudiando. “Les insistí mucho en que quería estudiar, y aunque no se pudo con la batería, tomé la guitarra por conformarme, por tener un pretexto para seguir en la música pero todavía no le agarraba ese gran amor al instrumento”.

Sin embargo no todos los miembros de su familia consideraban el aspecto musical como una verdadera carrera. “Mi mamá sí me solapaba un poquito esto… porque ella ya había vivido lo que era tener un músico en casa, y mi padre estaba muy renuente a que me dedicara a esto”.

Gabriel de niño con sus hermanas

Aun con la desaprobación de su padre y antes de terminar la secundaria, Peña inició clases con el profesor David Silva. Pero aunque estuvo estudiando guitarra clásica durante dos años, el sentía que no era el instrumento adecuado para él. “Sentía que la forma que me movía mucho era la música del rock, del jazz, blues y yo con la guitarra acústica no podía hacer muchas cosas, varias técnicas que me gustaría hacer al tocar la guitarra”

A la par de sus estudios musicales, cursaba Tecnología Electrónica en el Colegio de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios (CBTIS), ya que su padre le hizo prometer que estudiaría algo más.

En esos años Gabriel creía que no tenía lo que un músico necesita. “Era así”, dice señalando su rostro: “Una persona extremadamente  nerviosa, introvertida, a mí me daba mucha pena estar en público. Algo que es contraproducente, imaginarme estar hablando o tocando frente al público era un pánico terrible, muy terrible”.

Cuando Gabriel se graduó de técnico en electrónica tenía más convicción por la música y había decidido dedicarse a ella. “Yo me imaginaba como una persona que estaría en la maquiladora con gran consumo de la música y que me iba a quedar frustrado para toda la vida. Y ahí mi padre se da cuenta y entiende que la cosa va en serio, y que ya tengo mis primeros trabajitos de música”.

Su primer contacto con un grupo musical fue cuando era aún joven y fue un trabajo muy sencillo.

“Se llamaba Sólido, y era una banda en compañía de Manuel Rosales. También estaba un amigo, muy buen amigo mío, Jaime Hernández. Yo era el bajista (ríe), yo era el que bajaba todos los instrumentos de la banda y andaba tras ellos.”

Luego de varios intentos y de tiempo tras el representante de Sólido, Gabriel cuenta que por fin logró ser parte del grupo.

“Un día llegué con Manuel y le dije: es que sí puedo con las canciones, no están difíciles y era así como una especie de fastidio hacia él y me dice: ‘Ya, ya lárgate, ahí están los casetes, saca la música y hablamos la otra semana.’ ”

Fue en ese momento cuando su padre decidió hablar con él, “me dijo: ¿Sabes qué? Ya no puedo más contigo, simple y sencillamente deseo que si vas a tocar la guitarra, trates de ser una persona competente, no te digo que seas el mejor o el peor, te digo que con lo que tú hagas yo me sienta orgulloso de ti”.

Gabriel Peña confiesa que sin contar los dos años de estudio con el profesor David Silva, no tuvo estudios en guitarra, todo lo que sabe lo aprendió de diversas formas, pero no de forma académica.

Gabriel con su esposa

“Prácticamente empecé desde los 18, empecé muy tarde, pero trate de recuperar el tiempo. Me encerraba de ocho a 10 horas en mi cuarto a estudiar”.

Aunque los músicos tienen varios instrumentos siempre hay uno que deja huella, y durante mucho tiempo la compañía que tuvo Gabriel era su guitarra. “Hubo una guitarra a la que le tuve mucho cariño, era una marca Cort Aero, algo así, pero me gustaba mucho el color. Y esta guitarra me agradaba, sonaba muy feo pero me agradaba”.

Así como Gabriel recuerda cuál fue el mejor instrumento que tuvo, también recuerda a su mayor amor: Gabriela.

Según Gabriel, para los músicos es muy difícil encontrar  a una persona que pase junto con ellos su carrera musical. Los que se dedican al mundo del arte requieren de mucho tiempo, concentración, dedicación y muchas veces, comenta, pierden un poco el rumbo.

“Yo en ese entonces era músico de noche, de desveladas. Una pareja que te soporta que llegues a las tres de la mañana, quizá llegas pasado de copas, toda esta forma de vida no cualquiera te la acepta. Sin embargo encontré a una persona que me entendió perfectamente y ella, es maestra, y nos entendimos perfectamente”

Explica cómo fue que él llegó a dar clases al Instituto de Bellas Artes de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH), ahora Facultad de Artes: “llegué recomendado por Jesús Díaz, primero a dar clases de guitarra acústica “

Sin embargo según Gabriel, en la carrera hacía falta una rama de la música que, a su punto de vista, es muy importante. Así que junto con otros profesores comenzó a movilizarse para cambiar el programa de la licenciatura de música y establecer el jazz como materia.

“Fue una lucha, porque había maestros que estaban muy en contra de eso. Pero se empezó a implementar un poquito la guitarra eléctrica. Un maestro que me apoyó bastante fue Francisco Sáenz, un gran amigo y cuando incluyen jazz como materia alterna fue un logro enorme”.

Para Peña, el jazz es importante porque el alumno debe tener instrumentos necesarios para enfrentarse al mundo, cosa que las otras materias no proporcionaban.

Pero, ¿en qué eventos ha participado Gabriel Peña y por qué es reconocido? A la mente del Profesor Gabriel vienen varios eventos que, explica, han marcado en forma particular su trayectoria. “Tuve el privilegio de acompañar a Diego Shoenning, cuando fui seleccionado como guitarrista para acompañar a este chavo”.

Gabriel Peña con sus compañeros de “Tributo a Kiss”

Además ha sido requerido en varios conciertos a nivel local para realizar tributo a bandas internacionales. “Lo de los tributos fue interesante, porque fue otra línea y son buenos retos”.

El primer tributo en el que participó fue en el 2002, el tributo a Metallica. Después el The Beatles con el director Alberto Espino.

“De ahí se empezaron a venir otros, el de Queen, de Pink Floyd, Santana, fue una área de me dio mucha satisfacción, ahí me di a conocer”.

Respecto a la pregunta ¿En verdad toca la guitarra con la boca? Gabriel explica:
“Es con los dientes, es algo que viene desde Jimmy Hendrix, el fue el primero en hacerlo. Yo lo empecé a hacer en el 2002, en el tributo a Metallica donde en una de las piezas había un solo muy largo y era la oportunidad de hacerlo. Ahora lo hago cuando siento la necesidad, cuando me nace”.

Además el profesor es reconocido a nivel internacional, puesto que no solo en Chihuahua se ha presentado.

“Fuimos a Cuba, era un concurso, sin embargo yo fui como invitado. Era un gran honor presentarme en el Teatro ’Che’ Guevara. Fue como mágico. También ir a tocar al Polifórum, con lo de Metálica y tocar en ese recinto sagrado nos hizo estar muy nerviosos por ese monstro que es México, pero…fuimos muy aceptados”

Una de esas presentaciones que tuvo fue la que más marcó su carrera y su vida.
“Iba a una clínica en Cancún, y a medio viaje me avisan que se canceló. Dije: ¿Qué hago? ¿Me regreso o qué? Pues es Cancún, dije, igual y para descansar un rato”

Cuenta Gabriel que estando en Cancún un amigo lo invitó a un bar en donde tocaba el maestro de Santana, se detiene y dice: “ y que me embarcan, pedí tocar con ellos y el señor dijo si, pero no toca mi guitarra. Me dio mucho miedo, porque la presencia de él era grande. Y me subo, y el señor frente a mí, con su guitarra y prende un puro y  yo poniéndome de acuerdo con los músicos… él viéndome como: ‘A ver que traes’ ”

“Toqué algo de blues y pasó la pieza. Él se queda serio y le dice a uno de sus asistentes ‘pásame mi guitarra’, me dice ‘quiero tocar contigo’.  Dije: ‘ya tengo la aprobación del Papa’ ”

Respecto a la relación con su padre, cuenta cómo, después de muchos años, las cosas mejoraron. Entre lágrimas y risas nerviosas cuenta con sentimiento lo que pasó después de que su padre falleció de cáncer.

“Cuando murió mi padre, en su escritorio, encontré una carpeta donde el guardó todos los recortes, de todo, de todo, de cada vez que yo salía (en el periódico) él lo recortaba y lo guardaba en la carpeta, fue una sorpresa muy grata porque, aunque siempre hubo una lucha por la aceptación, al fin de cuentas sí se sentía orgulloso de mí”

Gabriel Peña tocando con “Los walkmans”

Gabriel ahora trabaja con “Los Walkmans”, y se presenta con ellos todos los sábados en “La Chopería”.

Además de dar clases en la Facultad de Artes en la materia de Jazz, Gabriel seguirá presentándose en eventos estatales.

Aun con su gran trayectoria y con sus logros tanto familiares como musicales, Gabriel cree que le faltan muchas cosas por hacer, pero no cambiaría lo que ha logrado por otra cosa.

“Desearía irme de mochilero a tocar en los bares, o donde sea, pero me doy cuenta que no necesito estar allá. Cada vez me convenzo más… de que aqui lo tengo todo”.